Amores juguetones

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 Si, quiero que recuerdes  que contigo los poemas  son canciones automáticas  tocadas por mi corazón  Y aún no doy crédito  a cómo me gané el estar  a tu lado  año a año y que mis logros sean  tuyos y vividos por mi Porque cuando empiezo mi día  mis pasos se hacen uno con los tuyos y quiero permanecer a tu lado para que me brindes felicidad Que mi corazón tenga latidos te lo pido por favor ya que Dios me puso a tu lado para que sea tu aliento el que me permita vivir feliz Es quizás el deseo más franco  de un enamorado, que recuerda como su corazón late desesperado, viendo que no escapa de un latido sin sentido y desesperado.    

El problema de las concepciones del castigo penitenciario.Ensayo sobre la libertad en Foucault

Primero una breve introducción a este filósofo contemporáneo http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Foucault
A pesar de que este no es el ensayo completo, es quizás una de las conclusiones esbozadas a partir de uno de los muy cargados artículos de Foucault, con gran contenido histórico y una sutileza expositiva magistral, dejando al lector dentro de un mar de opciones y siendo guiado por la necesidad que surge al preguntarse ¿de qué me sirve todo esto?

La complejidad y el mérito de la institución carcelaria debe verse no como una coacción al individuo ante lo que representa el crimen, es decir, no temer el cometer el crimen por el castigo y sus consecuencias, sino que se debe tomar en cuenta que los hombres son propensos a cometer errores, sectores de la sociedad con inclinaciones, por necesidad, a recurrir al crimen; pero todos estos detalles, que pudieran ser la chispa que hace que surja el crimen, supone una falla dentro del sistema educativo y más aún, del acceso de las personas a una perspectiva y opciones diferentes a aquellas que los llevaron a optar por robar o matar, sencillamente la ignorancia de la existencia de las alternativas, o inclusive de las leyes que se supone deberían reflejar su idiosincrasia, es el fallo de toda la sociedad, del resto de sus instituciones y de la conciencia de que intervenir en estos problemas demostraría que la indiferencia es lo que hace más vulnerable a que se siga cometiendo el error por el resto de la población. No puedo confiar en que la TV anuncie que el contenido que emitirá no es apto para menores, y que esto sea constancia de que mis hijos no lo observen, mejor aún sería enseñar al hijo a distinguir entre un tipo de contenido apto o no para él, y durante sus primeros años, sencillamente debe mantenerse la vigilancia ante un niño en una edad en la que no ha desarrollado un concepto de responsabilidad. El confiar en autoridades externas sólo hace que parte de esa educación no pertenezca a nuestras costumbres y las de nuestro hogar, sino a las de un sistema que se considera uniforme y que quizás no se adapte a las alternativas que deseamos sean experimentadas por nuestros hijos y el resto de la comunidad.

M. Foucault, Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión, Méjico, Siglo XXI, 2005

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