Eres siempre tú

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 Otra noche oscura, en un busca de un refugio, te siento, pero tú a mi no, te llamo, pero ya no me respondes. ¿Acaso no me recuerdas? Soy yo, tu Amor, te busco en esta noche, te llamo, pero ya no me respondes. No me acompaña la soledad soy como un niño  que por alguna razón disfruta jugar solo Pero llegaste y de repente quiero  todo a tu lado como si descubriera la luz  a un moderno Prometeo Por favor recuérdame  porqué debo seguir insistiendo  en no solo hallarte  sino lograr el sueño de amarte ¿Es tu dulzura lo que siente mi paladar o es el aroma de tu cuerpo  que hipnotiza con su dulzura?  Me encontrarás siempre  con preguntas pero tú eres siempre  la respuesta 

Violaciones a un soneto

En medio del ocaso basto
de una esperanza virginal,
trato de mirar entonces una estrella superior,
y persigo su brillo.

Se despide diciéndome que soy solo un mortal,
quítame entonces la melancolía
dejándome reventar en ardor solar
exponiendo mi naturaleza completa y sincera.

No sé qué pasa con mi pecho
entre latidos y explosiones
he descubierto en mí una substancia indescifrable,
cambiando y creciendo en mi egoísmo
donde me hallo solo,
con mi alma,
en piedra esculpido,
sin responderme,
ocultando la sangre que hierve
bailando entre nervios,
reventando en ansias entre futuras y posibles.

Estoy en todas partes,
temo cambiar mi rostro
y hacerme irreconocible
con golpes y violencia que rompen
mis manos y mis votos de silencio;
tantos caminos de creencias
nada ocultará mis ambiciones de fuerza.

Maldigo la razón que me apacigua
y lloro
porque la ilusión y la grandeza
acabarán pronto
al caer ante la dura piedra de la realidad
que pretendo adorar y aceptar, alucinar y consentir
lo que mi instinto dice ahora es cobardía.

Si, lo repito,
me indigno
al pensar y desatar la presión en mis labios

solo pensando posibles delitos y agravios
ya no egoísta,
me muerdo la lengua
al decir que ya no lucharía
aún si nacen ganas locas, declaro
ahora es de ella los deseos
que dominan a la bestia.

Llévame entonces a mi hogar,
donde baje por fin tranquilo,
con hidalguía a resucitar
porque lloro de solo pensar
que no valía la pena tanta energía
y que siempre necesité, más que de batallas
el amor de tus caricias.

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