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viernes, 15 de abril de 2011

Violaciones a un soneto

En medio del ocaso basto
de una esperanza virginal,
trato de mirar entonces una estrella superior,
y persigo su brillo.

Se despide diciéndome que soy solo un mortal,
quítame entonces la melancolía
dejándome reventar en ardor solar
exponiendo mi naturaleza completa y sincera.

No sé qué pasa con mi pecho
entre latidos y explosiones
he descubierto en mí una substancia indescifrable,
cambiando y creciendo en mi egoísmo
donde me hallo solo,
con mi alma,
en piedra esculpido,
sin responderme,
ocultando la sangre que hierve
bailando entre nervios,
reventando en ansias entre futuras y posibles.

Estoy en todas partes,
temo cambiar mi rostro
y hacerme irreconocible
con golpes y violencia que rompen
mis manos y mis votos de silencio;
tantos caminos de creencias
nada ocultará mis ambiciones de fuerza.

Maldigo la razón que me apacigua
y lloro
porque la ilusión y la grandeza
acabarán pronto
al caer ante la dura piedra de la realidad
que pretendo adorar y aceptar, alucinar y consentir
lo que mi instinto dice ahora es cobardía.

Si, lo repito,
me indigno
al pensar y desatar la presión en mis labios

solo pensando posibles delitos y agravios
ya no egoísta,
me muerdo la lengua
al decir que ya no lucharía
aún si nacen ganas locas, declaro
ahora es de ella los deseos
que dominan a la bestia.

Llévame entonces a mi hogar,
donde baje por fin tranquilo,
con hidalguía a resucitar
porque lloro de solo pensar
que no valía la pena tanta energía
y que siempre necesité, más que de batallas
el amor de tus caricias.