Amores juguetones

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 Si, quiero que recuerdes  que contigo los poemas  son canciones automáticas  tocadas por mi corazón  Y aún no doy crédito  a cómo me gané el estar  a tu lado  año a año y que mis logros sean  tuyos y vividos por mi Porque cuando empiezo mi día  mis pasos se hacen uno con los tuyos y quiero permanecer a tu lado para que me brindes felicidad Que mi corazón tenga latidos te lo pido por favor ya que Dios me puso a tu lado para que sea tu aliento el que me permita vivir feliz Es quizás el deseo más franco  de un enamorado, que recuerda como su corazón late desesperado, viendo que no escapa de un latido sin sentido y desesperado.    

Violaciones a un soneto

En medio del ocaso basto
de una esperanza virginal,
trato de mirar entonces una estrella superior,
y persigo su brillo.

Se despide diciéndome que soy solo un mortal,
quítame entonces la melancolía
dejándome reventar en ardor solar
exponiendo mi naturaleza completa y sincera.

No sé qué pasa con mi pecho
entre latidos y explosiones
he descubierto en mí una substancia indescifrable,
cambiando y creciendo en mi egoísmo
donde me hallo solo,
con mi alma,
en piedra esculpido,
sin responderme,
ocultando la sangre que hierve
bailando entre nervios,
reventando en ansias entre futuras y posibles.

Estoy en todas partes,
temo cambiar mi rostro
y hacerme irreconocible
con golpes y violencia que rompen
mis manos y mis votos de silencio;
tantos caminos de creencias
nada ocultará mis ambiciones de fuerza.

Maldigo la razón que me apacigua
y lloro
porque la ilusión y la grandeza
acabarán pronto
al caer ante la dura piedra de la realidad
que pretendo adorar y aceptar, alucinar y consentir
lo que mi instinto dice ahora es cobardía.

Si, lo repito,
me indigno
al pensar y desatar la presión en mis labios

solo pensando posibles delitos y agravios
ya no egoísta,
me muerdo la lengua
al decir que ya no lucharía
aún si nacen ganas locas, declaro
ahora es de ella los deseos
que dominan a la bestia.

Llévame entonces a mi hogar,
donde baje por fin tranquilo,
con hidalguía a resucitar
porque lloro de solo pensar
que no valía la pena tanta energía
y que siempre necesité, más que de batallas
el amor de tus caricias.

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