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viernes, 5 de junio de 2009

Carril

Mi profesor, ya muerto, una vez le dijo al salón algo que quizás los alumnos también hayan escuchado: deben elegir sus creencias, políticas, morales. Lo dijo a manera de tendencias, pero una tendencia fija un camino, una ley, incompleta. Pensé entonces, si voy en una autopista, ¿debo definir q voy por el canal derecho y pegarme casi a la defensa, o ir por la izquierda significará siempre a toda velocidad? En ese canal, iré por todo el medio o en zigzag, elijo y defiendo q el lado izquierdo es para ir más rápido q en el derecho, ¿pero cuál es la velocidad? Quiere decir entonces q me defino con respecto a otro q quizás esté en la misma situación de indefinido y me definiré como sin definición, por agarrar, por regla, al otro como mi referencia.

Es identidad o es la colección de referencias ajenas, quizás aquí Locke y Hobbes estarían muy orgullosos de mi, pero en la vía, en la marcha, en la autopista, nadie verá la necesidad de saber de Locke para manejar, pero quizás lo que llevó a construir esa autopista tenga q ver con lo que Locke construyó. Quiere decir que no conozco lo que me define, y lo que me define es una referencia de algo en mi misma posición, por lo tanto indefinido. No conozco, no defino, no elijo, pero si sé de algo, estoy en la autopista. Quizás suene llamativo si nombro a la película The Matrix, más que Descartes, ¿pero que se yo? Sin embargo, aunque no este definido, lo primero que sé es que existo y que esa es mi primera definición, todo lo demás, como leer un libro de Harry Potter, es algo con lo que me comprometo a creer, con el cometido de poder reír o llorar con lo que quizás es fácil.

Quizás profesor, mi mayor elección es la de una verdad que no espero sea la verdadera, pero por lo menos debe serlo para que todo lo que diga exista, sean varitas mágicas, motores del socialismo o Demanda agregada, porque sino no existe lo que creo, sino sólo sabré que existo y que no se nada.