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viernes, 5 de junio de 2009

Notas

Me tambaleo suavemente encantado
estoy despierto o en un sueño
sé que no estoy muerto
pero prisionero de un agudo instrumento
que entre curvas de madera y sus notas
donde la ansiedad y angustia se pasean venturosas
de su cometido en mi pecho
de las dudas por un amor curioso y vanidoso
que pretende emular latidos y quereres
de lo creado entre lo divino
con sus acordes mundanos de instrumento.

Imagina las venas creciendo entre las cenizas
llenando el cuerpo vencido con la dulce sinfonía
de la vida y el color
bañando en sangre nueva lo una vez quemado
y majestuoso el espectáculo
de un ser humano renaciendo
ante la derrota.

Son sus danzas atrevidas invitando entre líneas
recitando el universo al compás
de puntos que entre ellas se pasean
tan sencillas pero fuertes
son las mías, que ahora dibujan sus caminos
en redonda y completa, la frase del poema
entre negras tintas de pinceles, trazan sueños coloridos
y blancas promesas, duplicando su tiempo y mi aliento
luego brincando otras, más breves y pequeñas criaturas
que juntas le agregan fascinación y expectativa.

Logrando una pasión exuberante, copulando varias voces
y se levantan entre ellas, con ímpetu las graves
con sus pasos y con fuerza
mi espíritu más bajo, que mantiene la armonía
y el otro escapando a sus agudos regocijos
desde solitaria tragedia a brillante comedia.

Enredándonos bailando en escalones de viento
con caleidoscopios de matices, como flores y saltando
entre el regocijo de un coro creciente y brillante
cuyas notas sellen la promesa en ascenso
de no ser sólo el aria de un amor
sino una pieza inmortal y sin final
con el momento cumbre y magistral
en el solo de un apasionado beso.

Es un faro, una guía a la verdad
cuya luz advierte los riesgos
y se levanta victoriosa con su canto
ante la dificultad aparente y el temor
en el viaje en medio de este arte con alma musical
que implica enamorarse.